La boda estaba planeada, pero Marcelo debió internarse por el tumor. No se resignó: obtuvo el permiso y se casó con Ana en la clínica. Aquí, su historia.

-¿Por qué casarse ahora? Cuando la única que danza es la pandemia del coronavirus

-Para cerrar un círculo.

Quien responde a través del teléfono es Marcelo León. Es un hombre de teatro -fue director de producción del Cervantes durante 14 años- y como tal, conoce el final antes que el público. Y quiso mejorarlo.

En febrero recibió un duro diagnóstico médico: cáncer cerebral irreversible. Astrocitoma anaplásico grado III.

Marcelo sabía que no habría nuevas consultas. Que ya todo estaba escrito. Y que la evolución del tumor en su cabeza lo obligaría a trasladarse a un hospice porteño para recibir cuidados paliativos específicos.

Un hospice puede ser un lugar al que la gente va a morir. O donde se va a vivir antes de que eso ocurra. Depende de  hacia dónde se direccione el reflector. Pero el que está sobre las tablas -y no detrás- ahora es él. Y elige seguir. Esto no es un unipersonal. Lo acompaña Ana Ulrich.

Hace 8 años que son “Ana y Marcelo”. Ella es escenógrafa y se conocieron en el ascensor del teatro donde trabajaron antes de que todos los telones bajaran. Él tiene 61 y ella 44. Juntos tuvieron a Manuel, de 5.

Con barbijo y distanciamiento, Marcelo y Ana pudieron cumplir el sueño de casarse.

La fecha para casarse estaba fija para 2020. Tres años antes él se lo propuso en la Plaza San Marcos, durante un viaje por Italia– pero la ceremonia debió ser cancelada cuando la salud del novio empeoró.

Como no es mito que el show debe continuar y Marcelo es experto en que los estrenos sucedan, gestionó todos los permisos y el casamiento fue en vivo. Libre de videollamadas. Fue ahí. El 6 de agosto. Con todos presentes. Como en el teatro.

Marcelo sabía que no habría nuevas consultas. Que ya todo estaba escrito. Y que la evolución del tumor en su cabeza lo obligaría a trasladarse a un hospice porteño para recibir cuidados paliativos específicos.

Un hospice puede ser un lugar al que la gente va a morir. O donde se va a vivir antes de que eso ocurra. Depende de  hacia dónde se direccione el reflector. Pero el que está sobre las tablas -y no detrás- ahora es él. Y elige seguir. Esto no es un unipersonal. Lo acompaña Ana Ulrich.

Hace 8 años que son “Ana y Marcelo”. Ella es escenógrafa y se conocieron en el ascensor del teatro donde trabajaron antes de que todos los telones bajaran. Él tiene 61 y ella 44. Juntos tuvieron a Manuel, de 5.

La fecha para casarse estaba fija para 2020. Tres años antes él se lo propuso en la Plaza San Marcos, durante un viaje por Italia– pero la ceremonia debió ser cancelada cuando la salud del novio empeoró.

Como no es mito que el show debe continuar y Marcelo es experto en que los estrenos sucedan, gestionó todos los permisos y el casamiento fue en vivo. Libre de videollamadas. Fue ahí. El 6 de agosto. Con todos presentes. Como en el teatro.

El casamiento de Marcelo y Ana, en la clínica donde él está internado.

Marcelo hace un salto de género: pasa del drama al realismo mágico. Dice que está rodeado de “ángeles”, por el personal médico. Y esa es la única metáfora que usaría en esta charla con Clarín. Después, todo humor negro. Comedia. Sobre sí mismo y la sociedad en pandemia. Golpes de realidad sin remate. Como en Esperando la Carroza, obra con la que en el verano ganó un Estrella de Mar.

“El tumor de Marcelo es poco frecuente. Representa menos del 5% de los tumores en el mundo (datos de 2013). Es un tumor invalidante. Afecta la independencia”, explica Silvio Pederiva, director del hospice.

“A los pacientes les duele más no poder manejarse solos que el dolor en sí. Pero lo disimula muy bien. Es un fenómeno”, dice el especialista en cuidados paliativos.

Al protagonista de esta historia, el tumor -o “la escena disruptiva”, en la jerga dramática- le afecta el hemicuerpo izquierdo (hemisferio derecho del cerebro). No puede mover su silla de ruedas por sí mismo y esta semana le asignaron una especial para afecciones motrices generales.

Marcelo no está “enojado” por lo que le pasa. Solo aprovecha la nota para quejarse del teatro por streaming. Ese que intentó ver, pero no pudo. “Le falta el vivo. Y yo te puedo decir cuándo a algo le falta vida”. Después, no hubo ni una línea de bronca. Está en “otro estado”, dice.

El casamiento estaba previsto para este año, pero el diagnóstico del tumor interrumpió los planes. Cuando Marcelo fue internado, decidió concretarlo.

“Cuando te pasan estas cosas, perdés todo tipo de filtro. Y eso hace que te conozcas más vos mismo y que conozcas más a las personas. No fingís nada. Pasás a vivir en un estado transparente.”

En medio de la pandemia del coronavirus, mientras lee en las noticias que mucha gente muere sola, Marcelo se siente un “afortunado de la vida” porque le permitieron casarse con la escenógrafa de su vida.

“Esto es parte de lo que nosotros hacemos por el bienestar del paciente. Está comprobado que les hace bien”, dice la doctora Mariana Delfino, que sostiene el celular en alta voz para que Marcelo pueda dar esta entrevista.

También le tira letra: “Contá de las alianzas”. Así, la luz se posa sobre un gran detalle. Cómo no había anillos, usaron precintos médicos. “Ana, por su trabajo en escenógrafía, mirá que ha usado precintos, eh. Ahora, tiene uno que puede lucir”, cuenta.

Marcelo no está en lo que los médicos llaman “últimos días”. Pero en el guión de su vida ya llegó la parte en la que le permiten recibir visitas todos los días y, también, darse sus gustos. Fumar habanos de chocolate y casarse con la mujer con la que se iba a casar en otra escena.

Marcelo, Manuel y Ana, en una foto tomada antes de que a él le diagnosticaran el tumor.

Fuente: https://www.clarin.com/sociedad/productor-teatro-cancer-cerebral-irreversible-cumplio-deseo-casarse-amor-vida_0_i5_jBo0LE.html