¿Puede una persona decidir cuál es el tratamiento que habrá de recibir o incluso negarse a ser tratado? Y si el paciente no está en condiciones de brindar su opinión al respecto, ¿puede la familia tomar su lugar?

¿O es el médico el que decide? ¿Quién tiene la última palabra? El progresivo abandono del modelo paternalista de relación médico-paciente tiene como contrapartida el hecho de que la voluntad del paciente adquiere cada vez más un rol protagónico en el cuidado de su salud, ya que la posibilidad de aceptar o rechazar un tratamiento médico está íntimamente vinculada con aspectos como la autodeterminación y la autonomía personal.

“Hasta hace no mucho tiempo el tipo de relación médico-paciente que primaba era la paternalista: los pacientes acataban pasivamente lo que los médicos decían y no opinaban sobre sus posibilidades y no se tenían en cuenta sus opiniones. Desde que las personas empezaron a solicitar a la comunidad médica un rol más participativo en la toma de decisiones, fueron ganando terreno en la autonomía y fue variando el tipo de relación médico-paciente, en favor de una relación donde prima el principio de autonomía del paciente”, comentó el doctor Silvio Pederiva, especialista en Cuidados Paliativos y director médico de CCP Baires.

En la Argentina, el principio de autonomía se sustenta en la Ley Nº 26.529 -de los “Derechos del paciente”- que establece que “el paciente tiene derecho a aceptar o rechazar determinadas terapias o procedimientos médicos o biológicos, con o sin expresión de causa, como así también a revocar posteriormente su manifestación de la voluntad”. El objetivo es salvaguardar el derecho a la salud y a su preservación, reconociendo que ambos se hallan íntimamente ligados con el derecho a la dignidad.

“Basándonos en el principio de la autonomía y estando delante de un paciente que esté plenamente autónomo -explica el doctor Pederiva-, no cabe duda alguna de que la decisión es enteramente del paciente. Los médicos lo que debemos hacer es un consentimiento informado con respecto a la propuesta diagnóstico-terapéutica, sin tratar de influir con nuestras decisiones sobre la opinión del paciente, dejando que libre y voluntariamente elija alguna de las alternativas terapéuticas, y respetando la decisión aunque esa alternativa no creamos que sea la mejor”.

Como menciona el especialista, un elemento central para que los pacientes expresen su autonomía es ser correctamente informados acerca de su estado de salud y de las distintas posibilidades terapéuticas. La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos formulada por la Conferencia General de las Naciones Unidas (2005) establece al respecto de la facultad de los pacientes de adoptar decisiones que toda intervención médica sólo habrá de llevarse a cabo previo consentimiento libre, expreso e informado.

DIRECTIVAS ANTICIPADAS

Pero en los casos en los que el paciente no se encuentra en situación de expresar su voluntad, ¿quién toma su lugar? Una de las posibilidades que hoy contempla la legislación argentina es que las personas dejen consignado por escrito qué tratamientos aceptan o no aceptan recibir en caso de que una enfermedad les impida manifestar su opinión. En su artículo 11, la ley de Derechos del paciente hace referencia explícita a las llamadas “Directivas anticipadas”: “Toda persona capaz mayor de edad puede disponer directivas anticipadas sobre su salud, pudiendo consentir o rechazar determinados tratamientos médicos, preventivos o paliativos, y decisiones relativas a su salud. Las directivas deberán ser aceptadas por el médico a cargo, salvo las que impliquen desarrollar prácticas eutanásicas”.

¿Y qué sucede cuando la decisión del paciente entra en conflicto con el deseo de sus familiares? “Si el paciente es autónomo la decisión de los familiares queda relegada. Si el paciente no es autónomo, es el médico el que basado en el principio de beneficencia y en el conocimiento médico debe sugerir a la familia cuál es el tratamiento que se debe llevar adelante, y la familia deberá consentir el tratamiento propuesto. Si la familia se niega a llevar adelante el tratamiento propuesto en base al conocimiento médico, el médico tiene la posibilidad de pedir una protección de persona”, responde el doctor Pederiva.

CUIDADOS PALIATIVOS

La autonomía es un aspecto clave en los cuidados paliativos que reciben aquellos pacientes que se encuentran en estadios avanzados de enfermedades crónicas progresivas o terminales. Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “los cuidados paliativos constituyen un planteamiento que mejora la calidad de vida de los pacientes y sus allegados cuando afrontan problemas inherentes a una enfermedad potencialmente mortal. Previenen y alivian el sufrimiento a través de la identificación temprana, la evaluación y el tratamiento correctos del dolor y otros problemas, sean estos de orden físico, psicosocial o espiritual. La asistencia paliativa ofrece un sistema de apoyo para ayudar a los pacientes a vivir tan activamente como sea posible”.

Según estadísticas de la OMS, anualmente unos 40 millones de personas necesitan cuidados paliativos a nivel mundial; sin embargo, solo el 14% recibe dicha atención.

“Los cuidados paliativos constituyen un modelo de atención que mejora la calidad de vida de los pacientes con enfermedades crónicas o terminales, y la de sus familias, por medio de la prevención y el control del sufrimiento que es posible a través de la identificación precoz, la evaluación y el tratamiento adecuado del dolor, así como también de otros problemas físicos, psico-sociales y espirituales”, explica Pederiva.

Surgido a fines de los años 60 en Inglaterra, el movimiento hospices planteó un nuevo paradigma en la atención de los pacientes con enfermedades crónicas progresivas o terminales, paradigma que cambia el “No hay nada más que se pueda hacer” por el “Hay mucho más por hacer”, y que se basa en los llamados cuidados paliativos, que ofrecen un sistema de apoyo a los pacientes (y a sus familias) que los ayuda a vivir tan activamente como sea posible. Sin embargo, es muy reducido el porcentaje de pacientes que acceden a esa atención.

Un estudio realizado en hospitales públicos de la ciudad de Buenos Aires halló que unas 60.000 personas se beneficiarían con los cuidados paliativos, pero menos del 10% recibe algún tipo de asistencia paliativa.

Fuente: http://www.laprensa.com.ar/479806-Pacientes-familiares-medicos-el-rol-de-cada-uno-a-la-hora-de-decidir.note.aspx